Aquí no hay manteles largos,
ni reglas de etiqueta, pero hay comida chingona y alma completa.
NUESTRA
HISTORIA
En el ‘84 abrimos nuestras puertas. Servíamos mariscos frescos y hamburguesas bien hechas… y la gente no dejó de venir.
Era un local chiquito, pero con sazón de casa y ambiente de sobremesa. De esos lugares donde entras, te saludan por tu nombre y ya sabes que vas a comer bien.
Con el tiempo, el espacio creció, las mesas se llenaron y seguimos haciendo lo mismo que nos puso en el mapa: servir lo que une y hacerte sentir en tu lugar.

